-Ayer hubo otro acá a la vuelta, unas quince personas.
-Ya no me cuentes, de verdad.
-¿Por qué no? Es lo que está pasando en todo el mundo.
-Pues que padre, pero yo no quiero saber ni enterarme de los detalles, Juan.
-No sé por que te sigue asombrando esto, es lo que nos va a pasar a todos.
-Tal vez, pero por mientras yo quiero hacer un esfuerzo por seguir con mi vida tal como va.
-Vale, Feli, tú sigue con tu rutina de cardio y burbuja de negación.

La noticia de que un asteroide del tamaño del Everest iba a chocar con el planeta había sido publicada hace cinco meses junto con precisas infografías de cómo la onda expansiva iba a arrasar en segundos con las costas del Atlántico. Todas las naciones tenían sus estrategias, había una coalición internacional para lanzar bombas nucleares al espacio, estrategias de supervivencia bajo tierra, prototipos de ciudades submarinas, pero nadie creía que algo de eso fuera a funcionar.

Primero hubo suicidios aislados, una señora en la Del Valle, un chico de Pedregal, casos cubiertos por la zona y el drama, pero luego empezaron los eventos masivos. Siete personas tomaron cianuro en la Marquesa, un grupo completo de prepa se tiró de la Torre Latino, todas las residentes de un asilo en la Guerrero murieron después de encerrarse en la cocina y dejar el gas abierto.

La desesperación había tomado a la ciudad, la gente sabía que iba a morir, así que prefería hacerlo antes y bajo sus propios términos, en vez de esperar a que una ola gigante la destrozara.

Felipe veía todo esto en redes y criticaba sin publicarlo, ¿cómo es que tantas personas se habían dado por vencidas? El panorama no era esperanzador, pero seguro algo se podía hacer. Ya había llevado a Juan a que los dos metieran su aplicación para el sorteo de lugares en el búnker de San Luis Potosí y los resultados salían en dos semanas.

Si eso no servía, siempre podían moverse al norte. Había investigado y el desierto de Chihuahua parecía una buena opción, la ola no llegaría hasta allá y con suficientes provisiones podrían sobrevivir los años de obscuridad, consecuencia de la colisión, sin problema.

Juan le decía obstinado, pero Felipe llevaba cuatro años tomando testosterona y la masectomía había cicatrizado bien, no iba a que dejar la vida que le costó tanto construirse se fuera con una bola de locos que jugaban ruleta rusa en sus roof garden.

Se habían conocido en la fila de Clínica Condesa. La primera vez que fue le temblaban las rodillas con una mezcla de emoción y nausea, pero traía una sonrisa tan grande que la acidez de Juan no la pudo dejar pasar:

-Oye tú, esto no es la fila de ingreso a Six Flags.
-Pues casi, eh -dijo Felipe, sonrojado y con risa nerviosa-.
-Ay, eres de esos millenials que andan felices por la vida, ¿ya te tomaste tu selfie?
Le había dicho “de esos”, no pasaba seguido que un extraño le hablara en masculino.
-Apenas voy a empezar con hormonas, sí estoy emocionado.
-Pff, no sabes lo que dices. En una semana tendrás todas las espinillas que no te salieron a los 14 y querrás darle llegues hasta a los árboles.
-Espera, ¿tú tomaste…?¿tú también tomaste testosterona?
-Claro, esta barba de leñador no me la heredó mi madre.
-WOW, quedaste súper bien. Digo, no se nota…
-¿Qué soy trans?
-Sí, perdón. Todavía no sé bien cómo se habla de esto.
-Ni te preocupes -Juan se rió sorprendido de que este niño le generara una carcajada honesta-. Ándale, ya te están llamando para consulta, no hagas esperar a la doctora.

De ahí habían ido a comer y Juan se convirtió en el mentor no oficial de Felipe. Él estuvo ahí cuando lo cortó su primer novio después de la transición, cuando por fin decidió rasurarse el bigote y le aplaudió junto a su mamá desde la tercera fila en la graduación de la universidad.

Felipe se convirtió en un invitado regular en el depa de Juan, con café en mano escuchaba las quejas del día y luego las historias de este terco hombre que había conseguido a los 40 que su jefe le respetara la plaza después de haber cambiado sus papeles.

Este martes, como de costumbre, Felipe llegó después del trabajo al depa de Juan; no tenían planes, pero pensó en invitarlo a cenar y seguir tratando de convencerlo que se fueran en su camioneta al norte. Entró al edificio con su copia de las llaves, pero al salir del elevador se encontró la puerta del departamento abierta.

Juan estaba tirado boca abajo entre la cama y el baño. La televisión estaba prendida con un concierto de Bowie. Felipe se sintió helado y empezó a llorar, pero antes de limpiarse las lágrimas ya estaba tratando de levantar a Juan y sacando el celular para llamar a emergencias.

-Juan, no mames. ¡JUAN DESPIERTA!
And the shame, was on the other side
-Tengo una emergencia, un amigo está tirado en su depa, no sé si se metió algo.
Oh, we can beat them, forever and ever
-¡JUAN REACCIONA!
-Necesito una ambulancia, por favor.
Then we could be heroes just for one day
-No me puedes hacer esto cabrón, no tu también.
-Sí, parece que se levantó de la cama y se cayó. Por favor, mande a alguien.
We can be heroes
-¿Juan? Juan, soy Felipe, por favor despierta.
We can be heroes
-Juan no me dejes, nos vamos a ir al norte, vamos a plantar jitomates, Juan por favor.
We can be heroes
-Es un hombre de 47 años, está sano, no está enfermo de nada, estoy seguro.
We can be heroes
-Juan, no mames, despierta. Por favor.
We can be heroes just for one day

En la ambulancia camino al hospital, Juan seguía sin reaccionar pero tenía pulso. Le habían lavado el estómago, y uno de los paramédicos le dijo que tal vez había querido llegar al baño a vomitar.

Felipe no entendía que este hombre a quien admiraba tanto, obstinado y enérgico, hubiera decidido que matarse era la mejor opción. Ser embestido por una ola era mejor, más valiente, más real. Sin embargo, con la mano fría de su mejor amigo entre las suyas, pensó que estaba demasiado acostumbrado a luchar contracorriente.

Juan no despertó durante los tres días que Felipe estuvo a su lado. Se sentía culpable de siquiera ir al baño y soltar su mano, pero cuando por fin lo convencieron de bajar a comer a la cafetería, fue voceado para avisarle que su “tío” acababa de despertar.

-Vienes a cuidar un paciente, y ya andas de distraído por el hospital. A quién te estabas ligando, ¿eh?

Felipe corrió a abrazarlo y sin soltarlo le reclamó -Me tienes harto, siempre te quejas de mi y no piensas en que qué voy a hacer sin ti.
-Pues fácil, te vas a ir al norte a ser un vaquero post-apocalíptico y salvar a lo que quede de la humanidad.
-Pero quiero que te vengas conmigo, igual y tú te enamoras de una norteña y ayudan a repoblar el planeta.
-No seas baboso…
Una enfermera entró al cuarto.
-Disculpen, tienen que prender las noticias ya.

El asteroide había chocado con un cometa cerca de Júpiter y cambió su trayectoria hacia afuera del sistema solar. Algunos pedazos se desprendieron y golpearon al planeta gigante, otros iban rumbo a Marte y Venus, pero la Tierra estaba fuera de peligro. El presidente daba un discurso sobre cómo los planes de ataque con misiles se habían cancelado, pero esto no significaba que el país dejaría pasar la oportunidad de aprovechar una nueva industria de energía limpia.

Juan volteó a ver a Felipe con lágrimas en los ojos, pero una grandísima sonrisa.


-Oye,¿y esos jitomates se pueden cultivar dentro del depa?

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