La semana pasada, leí un dato increíble en Cosmos, de Carl Sagan. Se excavó el suelo marino y se descubrió que a 2.5km de profundidad hay bacterias felizmente vivas.

Piensan que llegaron ahí por la tectónica de placas, que tal vez eran parte del ecosistema del suelo de un bosque ancestral y que, mientras la placa se fue moviendo y sumergiendo en el mar, las bacterias se adaptaron para sobrevivir en ese nuevo ambiente.

Datos así hacen que abra los ojos, sienta que se me vuela la tapa del cerebro y me emocione por ser biólogo. Imagínate, tu casa se empieza a hundir en el mar y dices “no pasa nada”, mientras desarrollas branquias. Suena rarísimo y fascinante, ¿no?

Pero, la verdad no es nada improbable. La vida tiene una gran capacidad de adaptarse a su ambiente y todo gracias a nuestro genoma.

El genoma es eso que vive en el núcleo de cada célula, de todos los seres vivos conocidos, y contiene las “instrucciones” que dan forma y función a dicha célula. En una versión simple, son moléculas acomodadas de cierta manera, y es este acomodo o arreglo lo que da información. Como letras dentro de una palabra, o como enunciados en un párrafo.

Yo me llamo José, pero si sólo te doy la O no podrías saber mucho, necesitas ver que la J viene antes y la S con la É vienen después, para entender mi nombre.

Este genoma se copia cada que una célula se reproduce, pero cambia un poquito. No hay mutaciones tipo X-men, sólo ligeras variaciones que en general no perjudican la copia final, pero sirven para mantenerla fresca.

Regresemos a las bacterias del fondo marino, imagínate que cuando eran parte del ecosistema del suelo del bosque ancestral vivían felices a unos 25º C, sin embargo algunas de ellas tenían una mutación en su genoma que les permitía aguantar temperaturas de hasta 35º C, diez grados más de lo que usualmente experimentaban.

Cuando su hábitat empezó a cambiar, las cosas se empezaron a calentar y las bacterias aguantadoras no tuvieron ningún problema, pero las que sólo soportaban los 25º C se murieron.

Si las cosas hubieran pasado al revés, y el ambiente se hubiera enfriado, en vez de calentado, quien sabe si las aguantadoras hubieran sobrevivido, tal vez no, pero no pasó así, la temperatura subió y las que murieron fueron las que tenían un sistema que sólo sobrevivía a los 25º C.

Las bacterias aguantadoras siguieron reproduciéndose, haciendo copias de si mismas, y la gran mayoría seguía aguantando los 35º C en los que ahora vivían, pero unas pocas desarrollaron una mutación que les permitía aguantar hasta los 50º C. Su placa siguió moviéndose hacia dentro del mar y la temperatura siguió subiendo, así que las que aguantaban mayores temperaturas ahora tenían una ventaja sobre las demás.

Estos cambios, si es que sí pasaron así, sucedieron a lo largo de miles de años; la naturaleza cambia de formas muy lentas, si la medimos con relojes humanos.

Los cambios que se dan en la población de bacterias son parte de cómo funciona la vida, tú eres una mezcla de genes de tu mamá, con genes de tu papá y un ligero twist que es tuyo y de nadie más. Ese ligero twist igual y tiene una ventaja que nunca descubrirás por que el ambiente en que vives es muy estable, o igual te vas al desierto y descubres que tu cuerpo no se deshidrata tan rápido como el de tus acompañantes. Quien sabe.

Estas variaciones, y la capacidad que pueden dar para adaptarnos mejor al ambiente donde vivimos, es lo que llamamos evolución.

Si tú te mudas al desierto y sigues con una típica vida humana, tendrás hijos a los que les pasarás esta capacidad de soportar la deshidratación. Igual no es algo impresionante, sólo aguantan una media hora más sin agua que el resto, pero eso les da una ventaja sobre los demás.

Si uno de tus hijos se muda a un clima templado esta ventaja no tendrá un impacto en su vida, pero si tu hija se queda en el desierto y te da nietos, esta ventaja se volverá a transmitir. Como cada nuevo ser tiene un twist propio, tal vez tus nietos puedan aguantar más deshidratación que tú y eso se lo volverán a transmitir a tus bisnietos, que tendrán su propio twist y la cadena puede volverse a repetir.

Pequeños cambios que ayudan a los organismos a adaptarse mejor al ambiente en el que viven, esto y “la supervivencia del más apto” de Darwin, son lo mismo.

La adaptación es una característica de la vida igual que el hecho de que nuestras células necesitan respirar y expulsar deshechos. No es algo impuesto, si no que forma parte de cómo los seres vivos han funcionado desde siempre.

Entonces, como las células necesitan hacer una transferencia de gases de su interior al exterior, existe la respiración, y como los seres vivos desarrollamos ligeras mutaciones que nos pueden dar pequeñas ventajas para aprovechar el ambiente en el que vivimos, existe la evolución.

Vida en otros mundos

La semana pasada, la NASA anunció que en Encélado, una luna de Saturno, y Europa, una luna de Júpiter, existen ventilas hidrotermales en el fondo de sus océanos que están liberando una gran cantidad de hidrógeno. Esto es emocionante, ya que podría haber microorganismos que se alimenten de este hidrógeno y lo usen como energía química.

La nave espacial Cassini, que actualmente está orbitando la luna de Saturno, todavía no da evidencia de fósforo y azufre en el océano de este satélite; estos elementos son parte primordial de la composición química de la vida en la tierra, y su presencia indicaría una gran probabilidad de que exista vida en ese planeta.

Hunter Waite, autor del estudio de Cassini, está más que emocionado “Aunque no hemos detectado vida, hemos encontrado que hay una fuente de alimento para ella (el hidrógeno). Sería como una tienda de dulces para microbios”.

Sabemos que la vida en nuestro planeta azul empezó en condiciones similares, una gran océano y una fuente química de energía. Tal vez las primeras células de la Tierra también surgieron cerca de ventilas hidrotermales y, poco a poco, desarrollaron pequeñas variaciones genéticas que les permitieron encontrar otras fuentes de comida, como la luz.

Millones de años pasaron desde el inicio de la vida en el planeta y los primeros organismos multicelulares, millones más fueron necesarios para la colonización de ambientes terrestres y el surgimiento de plantas con flor, y muchos muchos más para que tú estés leyendo esto desde una pantalla y usando WiFi.

Pero el tiempo no es problema en este universo, menos para la vida, por que aquí no importan los individuos, lo que importa es que siempre haya nuevas variaciones, para que, cuando los individuos mueran, sean reemplazados por otros que igual pueden aprovechar mejor el ambiente que los rodea.

Esto sucede con todos los seres vivos de nuestro planeta, y como sabemos que la adaptación es una característica de la vida, podemos suponer que en otros mundos se daría de forma similar. Posiblemente no encontremos osos marcianos o t-rex venusinos, pero sí organismos que, a lo largo de muchos años y generaciones, han desarrollado adaptaciones para aprovechar lo mejor que se pueda el mundo en el que viven.

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