Desde niño quise estudiar ciencia, saber cómo funcionan las cosas, por qué en nuestro planeta existen seres vivos, qué es el universo, por qué me enfermo, por qué la gente se muere. Tenía muchas preguntas, muchas más de las que me podían contestar los maestros de primaria.

Mis papás me llevaban a museos, a ver documentales, hacíamos experimentos caseros, llenaron mi cuarto de libros sobre la naturaleza, el cuerpo humano, el universo y las estrellas, pero no era suficiente.

La primera vez que leí el plan de estudios de la licenciatura en Biología me emocioné mucho y supe que eso era lo que quería estudiar. Realmente me veía como un investigador de bata blanca en un laboratorio, pero después de dos años trabajando en una tesis de investigación caí en cuenta que la investigación no me apasiona.

Los ritmos biológicos me enamoraron, desde la materia optativa y a través de toda mi estancia en el laboratorio. Aprendí a cuidar y manejar roedores, diseñar protocolos de experimentos, hacer pruebas y evaluar resultados estadísticos.

Sin embargo, mis amigos de la carrera, dedicados a la investigación de laboratorio o de campo, eran estudiantes dedicados, detallistas y comprometidos con la creación de ciencia, hablaban con emoción de sus proyectos, debatían con entrega sobre el mejor método para analizar sus datos, fantaseaban con publicar sus resultados y exponerlos en congresos. Yo no me identificaba con ellos.

Después de un incómodo periodo en el cual bajaron mis calificaciones y consideré dejar la carrera, recordé porque me había gustado la ciencia en primer lugar: los documentales.

Así que decidí conocer más sobre la divulgación de la ciencia, me inscribí en la optativa impartida en la facultad y empecé a tratar de comunicar pedacitos de información científica.

La primera vez que escribí un artículo sentí esa pasión que veía en mis compañeros al hacer investigación y desde ahí decidí que a eso me quería dedicar, comunicar lo maravilloso que es la ciencia, tratar de compartir esta emoción que siento al conocer algo nuevo, al ver nuestro planeta, nuestro país y todo lo que vive en él.

La carrera de biólogo me dio todas las herramientas para disfrutar estos momentos y poder identificar historias para contar. También me enseñó a valorar y respetar la dedicación necesaria para dedicarse a la ciencia, y reconocer la pasión en el conocimiento.

La divulgación de la ciencia me apasiona y lo digo con completo conocimiento de causa. Leer a Carl Sagan me ayudó a decidir tomar este rumbo en mi vida y verlo no sólo como un pasatiempo, más bien como una vocación.

Estoy convencido de que comunicar ciencia a la sociedad es una labor de extrema necesidad porque conocer y entender al mundo que nos rodea no sólo sirve para tomar mejores decisiones en ámbitos personales, sociales y políticos, sino que también nos cultiva como seres humanos y ayuda a entender cuál es nuestro lugar en este maravilloso planeta.

giphy2

GIF de: Living Stills

 

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