Es la segunda vez que visito Saltillo y no me podía perder otro recorrido por el Museo del Desierto.  Es uno de los mejores museos que conozco en México, me atrevo a decir, con corazón de biólogo y ojos que pueden contar aros de estromatolitos por horas, que es el mejor de ciencias naturales en el país.

yo museo tazaLos museos siempre se me han hecho fascinantes; ser un niño de ciudad, acostumbrado a los carros y edificios,  y de pronto ver cómo era la tierra hace millones de años, cómo las monografías del ciclo del agua sí dicen la verdad, observar de cerca las pinceladas de Rembrandt, o la firma de Picasso, hacer electricidad al correr y disectar el ojo de una vaca me presentaron un mundo lleno de misterios y sorpresas, de hechos que ocurrían alrededor de mi sin que yo me diera cuenta. Me abrieron los ojos a la ciencia y el encanto de ver bolas de boliche recorrer sus caminos en el Museo del Niño.

Actualmente, la mayoría de museos están hechos para que los visites, cada vez se planean más interactivos y adoptan nuevas tecnologías. Sin embargo, por mucho tiempo su objetivo fue el de ser un lugar de investigación.

Eran espacios pensados para resguardar una colección de especímenes que los naturalistas pudieran estudiar, un recopilado de animales y plantas exóticas, disecados y guardados en cajones con su clasificación en bonitas placas de metal. Se necesitaba pedir un permiso por escrito para poder ver un ejemplar, y sólo lo podía tocar un especialista entrenado, usando guantes blancos.

Al entrar a la carrera me sorprendió conocer que muchos museos siguen funcionando de esta manera; colecciones preciadísimas de escarabajos antiguos, arañas gigantes, pieles exóticas y especies extintas a manos del hombre son exclusivas para personal científico.

Una vez, aunque no debía, me dejaron tocar la piel de nutria en el Instituto de Biología de la UNAM, la textura más suave que he conocido. Resulta que a ese museo mandan todo el contrabando animal que decomisan en el aeropuerto.

Sea para investigar o sólo para contemplar, creo que es un instinto humano el colectar lo que nos parece preciado y buscar en ello una relación con el pasado, el mundo natural o personas del otro lado del planeta.

Muchos museos son lugares nostálgicos, que vienen del romanticismo de los naturalistas, en los que los visitantes, especialistas o no, buscan encontrar una relación entre los objetos que observan y algo de si mismos.

Eso sentí hoy al ver fósiles en el Museo del Desierto, entiendo cómo se formaron, cómo fueron encontrados y la información que dan sobre la vida en el pasado, pero una cosa es lo que puede procesar mi cabeza y otra es la sensación de que soy parte de una historia de millones de años, en la que el mundo ha cambiado enorme y lentamente.

Estar debajo del esqueleto de un Velafrons coahuilensis y ver una araña cinco veces el tamaño de una tarántula goliat, me transporta a un pasado terrorífico, pero a la vez maravilloso, en el que los continentes eran uno y la vida simplemente existía, siguiendo leyes naturales, sin ninguna decisión consciente ni un destino predefinido.

Tal vez me leo anticuado, pero cada que veo evidencia del efecto que hemos tenido los humanos en este planeta, no puedo evitar pensar que tal vez no deberíamos de haber metido tanto las manos.

Creo que sólo los museos pueden confrontarte de una manera tan directa, igual un documental o un artículo maraville y te haga soñar un rato, pero en un museo lo vives.

El Museo del Desierto sobresale en esto, sus salas te cuentan de la vida que pisó esta tierra mucho antes de que nosotros llegáramos, pero no lo hacen como un sabio hablando desde su montaña inalcanzable, todo es una plática en la que quieren asombrarte y entretenerte.

Una de mis características favoritas de este lugar es que la investigación no sólo sucede detrás de puertas cerradas, en varias salas hay ventanas hacia los laboratorios a través de las cuales puedes ver cómo se limpian los fósiles o germinan cactus en peligro de extinción.

Irónicamente, parecía que todas las científicas que vi eran parte de una exposición, como zoológico alienígena, pero se me hizo una manera muy lista de compartir de dónde viene el conocimiento.

Me enoja que la ciencia se vea como algo ajeno, que se hace de manera privada, secreta e inaccesible. Defiendo que el conocimiento sea para todos, y sobre todo que se difunda cómo es que se obtiene ese conocimiento. Acá lo ves en el momento y, si llegas a la hora adecuada, puedes hacer todas las preguntas que quieras.

Otro maravilloso lugar que visité en Saltillo fue el Museo de las Aves, en donde puedes conocer todo sobre la historia evolutiva de estos animales, ejemplares gigantescos que vivieron en el pasado, cómo y para qué sirven sus plumas, tipos de huevos, tipo de vuelo, migraciones, cantos y otros hábitos. Lo que más me gustó de este sitio es la manera en la que está exhibida la colección de ejemplares disecados.

La museografía es hermosa, vitrinas de piso a techo son la versión contemporánea de las colecciones victorianas. Nunca había estado tan cerca del larguísimo Condor de California, el colorido flamingo o el diminuto zunzuncito, el pájaro más pequeño del mundo.

Disfruto mucho la experiencia de aprender y apreciar algo bello al mismo tiempo, y eso sentí durante todo el recorrido. Cada aparador me mostraba animales hermosos, adaptados a su entorno, con hábitos complejos de vuelo, migración y apareamiento. Creo que nunca había considerado que las aves era tan fascinantes.

Al regresar del viaje veo las fotos que tomé en ambos museos y me sigo maravillando, tanto por las colecciones que vi, cómo por el encanto de ambos sitios.

Los museos, en México y en el mundo, están cambiando, cada vez son más modernos, integran nuevas tecnologías y se enfrentan con los retos de preservar conocimiento que es generado y compartido de manera digital.

Ya no son sólo lugares para resguardar ejemplares exóticos, si no para sumergirnos en nuestro pasado colectivo y recordarnos que todos somos parte de la gran historia de este planeta, que nos toca disfrutar y cuidar.

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 “Al final de todo, conservamos sólo lo que amamos, amaremos sólo lo que entendemos y entenderemos sólo lo que nos es enseñado.”

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