Hoy amanecí con mucho antojo de agua de jamaica, pero nada de sobrecitos, quería the real deal. Así que fui por flores al mercado, regresé a casa, las lavé y las puse a hervir.

Después de media hora de reposo, tomé una cucharada del concentrado de jamaica y la diluí en un litro de agua, luego agarré otra cucharada de esa nueva dilución y la volví a diluir en otro litro de agua, luego agarré una nueva cucharada de la nueva dilución y, otra vez, la volví a diluir. Después, volví a hacer lo mismo unas treinta veces hasta que mi agua no tenía ni el más tenue tono rosado. Satisfecho con mis diluciones, me serví un vaso, le puse hielos y dije “¡Que rica agua de jamaica, MMMMM!”.

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No estoy a la mitad de un episodio psicótico, no se preocupen, el agua no sabía a nada, ya estaba tan diluida que era agua simple. Lo malo es que esto es más que un mal chiste, es una metáfora sobre el trabajo de los homeópatas.

Todo empezó hace 211 años, con un señorcito alemán llamado Hahnemann. Sus intenciones eran buenas, la práctica de la medicina en su época era no menos que una tortura. Las cirugías se hacían sin anestesia, se aplicaban sangrías y se recetaban purgas de opio, que muchas veces mataban a quien las tomaba.

Hahnemann, un estudioso buscando una mejor forma de curar a sus pacientes, encontró información sobre la corteza de la quina y su efecto antimalaria. Como científico entusiasta, comió pedazos de corteza para investigar que sucedería y sufrió fiebre, dolor de articulaciones y escalofríos, síntomas similares a los de la malaria misma.

A partir de eso, se le ocurrió que la quina curaba la malaria por que “lo similar cura lo similar”, pero sólo cuando se ingiere en dosis muy bajas. Si la dosis hace el veneno, el extremo contrario daría la cura.

¡Pum!, nació la homeopatía. Hahnemann empezó a recetar dosis bajísimas de los medicamentos conocidos, algo como una gota de té de manzanilla en 10 litros de agua.

Este alemán también creía en el espíritu de las cosas y estaba convencido que, tras muchas diluciones, el agua retendría las propiedades curativas de las sustancias, pero quitando todo peligro de efectos secundarios.

Las diluciones que usan actualmente los homeópatas son algo como una gota de sustancia activa en toda el agua de todos los océanos del planeta. Se acepta públicamente que los jarabes o pastillas que dan no tienen ni una molécula de sustancia activa, ya que todo el poder curativo está en la memoria del agua.

Usando el método científico, nuestra herramienta más confiable para conocer y comprender el mundo en el que vivimos, no se ha demostrado la existencia de ninguna memoria del agua. En palabras de Richard Dawkins, si dicha propiedad existiera se trataría de una fuerza de la física que no se ha descrito y su demostración ganaría el premio Nobel sin duda alguna, de hecho cambiaría toda la realidad como la conocemos.

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En resumen, la homeopatía es una mentira, sin embargo se estima que unas 500 millones de personas la usan regularmente en todo el mundo. 500, 000, 000 personas toman agua simple o chochitos de azúcar esperando curarse de infecciones, dolores, contracturas, mala digestión, cáncer, artritis y la lista sigue.

Esto se me hace abrumador, me entristece y desesperanza. Admito que durante la carrera juzgué severamente a cualquiera que utilizaba la medicina alternativa, amigo o familiar. No podía entender que no siguieran las indicaciones que la ciencia marcaba, pero tampoco entendía lo que era vivir con una enfermedad sin cura.

Hace unos años un amigo me dijo que tenía leucemia terminal, en ese entonces el tenía 32 y se dedicaba a la publicidad, lloramos juntos y empecé a cocinar en su departamento de vez en cuando. Meses después, el le dio mucho dinero al hombre que diagnosticó su cáncer por que le prometió que con un ritual santero lo iba a curar. Después, le diagnosticaron esquizofrenia, le dijeron que nunca tuvo leucemia y que le habían hecho un fraude.

En su libro El mundo y sus demonios, Carl Sagan habla de este tipo de situaciones, de personas desesperadas que hacen lo que sea para volver a tener salud, vitalidad y esperanza. El lo pone de una manera mucho más elegante, pero lo que leí es que todos los humanos, tú y yo, necesitamos alivio, atención, algo que nos sujete la mano y nos ayude a pasar por momentos difíciles.

Eso da la homeopatía, y todas las medicinas alternativas, quien la practica escucha a sus pacientes con atención, los ven a los ojos y les prometen que van a estar bien otra vez; les dicen que la cura que necesitan está a su alcance, que es algo especial sólo para ellos, tal vez lo usaba una civilización hace miles de años o es un nuevo descubrimiento de la física cuántica, pero el mundo no lo conoce todavía y ellos van a ser los primeros beneficiados.

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La medicina real no puede hacer eso, es una ciencia y los médicos saben que nunca se puede prometer por que hay enfermedades incurables, por que cada organismo reacciona diferente y por que pueden perder su carrera si cometen un error. Desarrollar un nuevo medicamento toma hasta veinte años de investigación y pruebas y, a veces, por más prometedor que suene, es retirado del mercado por que le hizo mal a alguien.

La medicina es fría, como la cama en la que te acuestas cuando te van a operar, pero es real. Está probada para el beneficio humano y quien la practica lleva mínimo 10 años de entrenamiento en los que, tal vez, les aconsejaron mantener una distancia con sus pacientes. Quien sabe cómo reaccionaríamos tú y yo al ver tanto sufrimiento, pero ellos siempre van a ocuparse de tu salud.

No te puedo convencer de que creas en el método científico con la fascinación que yo le tengo, pero sí que veas la evidencia. Las vacunas previenen enfermedades, la quimioterapia salva vidas, los antibióticos pelean contra las infecciones, el omeoprazol baja tus niveles de ácido gástrico. A la fecha, no hay ningún resultado que pruebe la eficacia de la homeopatía más allá del efecto placebo, del poder que tiene el cuerpo de curarse a sí mismo cuando los padecimientos no son tan graves.

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Hace mucho que no veo a mi amigo, pero lo comprendo, necesitaba esperanza y se aprovecharon de él. Así que escribo esto con el deseo de que no vayas con un homeópata, ni con un tronador de huesos, santero, astróloga, curandera, ve con un médico. Invierte en tu salud, cuídate y busca varias opiniones si lo crees necesario, pero no dejes tu vida en manos de charlatanes. Si quieres agua de jamaica, tú hierve las flores.

Links interesantes:

Rotundamente, la homeopatía no sirve

La academia de ciencias de Rusia declara la homeopatía como una peligrosa pseudociencia (en inglés).

James Randi, en su TED talk, habla de fraudes y toma un frasco completo de somníferos homeopáticos (video)

Los enemigos de la razón – Cura o fruade – Richard Dawkins nos habla de la homeopatía (video)

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