Cursaba primero de secundaria cuando escuché por primera vez sobre el cambio climático. Antes de eso sólo nos habían contado, en clase de ciencias naturales, que México tenía diferentes climas y ecosistemas, que de Mérida a Tijuana había selva tropical, desierto y tundra. En el país habitaban jaguares y tucanes, las únicas especies que estaban en peligro de extinción eran los osos panda, pero esos vivían en China, muy lejos de Torreón. Alguna vez había visto uno en el zoológico de la Ciudad de México, y se veía muy bien. No había de que preocuparse, la WWF iba a salvar todo.

Discovery Kids me decía que comprara papel de baño sin perfume ni tintas y cerrara la llave del agua mientras me lavaba los dientes. Y lo hizo muy bien, porque esas dos cosas las sigo haciendo hoy. Pero no había un peligro, sólo teníamos que cuidar lo que ya había.

El mundo era inmutable, feliz, lleno de posibilidades, y luego ¡PUM! Llegó la primera maestra decente de biología a contarnos sobre el calentamiento global, la subida del nivel del mar y el deshielo de los polos. Sin embargo, yo vivía en la zona semidesértica de Torreón, muy lejos del mar, con un calor abrasador, por lo que más lluvias sonaban como una muy buena idea.

Legué muy tarde a la fiesta, más bien me tardé mucho en si quiera caer en cuenta que había una fiesta. Hasta que entré a la carrera, ahí del 2008, empecé a ver la magnitud real de esto, pero las noticias eran más de prevención, pronósticos de lo que iba a suceder en tres o cuatro décadas en el futuro.

Oh sorpresa, el cambio climático está aquí, y no se va a ir.

Entre el 2006 y el 2011 más de la mitad de Siria sufrió bajo una fuerte sequía, mucho más intensa y  de mayor duración de lo que podía ser explicado por variaciones naturales. Ocho de cada diez cabezas de ganado murieron, los campos de chile aleppo se marchitaron, un millón y medio de agricultores perdieron sus granjas por la sequía y se tuvieron que mudar a las ciudades, donde la sobrepoblación empeoró el problema de abastecimiento de agua.

Los analistas dicen que un gobierno autoritario, falta de oportunidades laborales y represiones violentas detonaron la actual guerra civil y sí, el régimen opresivo de la familia Assad llevaba 40 años en el poder. Pero el cambio climático pudo haber sido la gota que derramó el vaso para Siria y la causa de la actual crisis de refugiados más fuerte de la década.

A principios de este mes había tres huracanes en el Pacífico, los tres al mismo tiempo, los tres categoría cuatro. Por esos días cayó la lluvia más fuerte de los últimos 50 años en la capital de México, con 100 milímetros de agua, el equivalente a 100 litros por metro cuadrado.

El Niño anda alborotado, un fenómeno climático recurrente en el que el agua del océano Pacífico, cerca del ecuador, se calienta y sirve de combustible para tormentas. Este año rompimos récord, el mayor evento desde 1997,  y se predice que el clima poco a poco se establecerá permanentemente en condiciones así, con más lluvias, vientos de alta velocidad y tormentas más agresivas.

El nivel del mar está subiendo, los polos se derriten, naciones isla pierden playa y la gente se está mudando. Parece que la consecuencia más inmediata, para el ser humano, será una crisis de migración de las costas hacia dentro de los continentes. Donde habrá sequías y escasez, aparte de todas las especies que pierden la carrera para adaptarse a este cambio tan rápido y se extinguen en el camino.

El panorama no es prometedor, los estudios más actuales nos dicen que el peor escenario posible que se vislumbró en la década antepasada ya está aquí y se pondrá pésimo. Así que ya no es cuestión de prevención, necesitamos implementar programas para hoy.

China demostró que se puede, este año festejó un desfile militar con cielos azules y despejados en Beijing, una ciudad que usualmente se ve así:

Lo hizo reduciendo drásticamente las emisiones de contaminantes, cerrando fábricas y limitando el tráfico. Durante dos semanas el país perdió 6.6 millones de toneladas de producción, por lo que no es una estrategia viable a largo plazo, pero tuvo los cielos más azules del año por los días que duró el desfile.

Tristemente, Beijing volvió a su gris brumoso, pero comprobó que sí se puede tomar medidas drásticas para disminuir el impacto que los humanos tenemos en el calentamiento global.

Sólo tenemos una Tierra, aunque en Marte haya agua, aunque en Europa, la luna de Júpiter, exista un océano global, aunque cada vez se descubran más planetas con condiciones que pueden soportar la vida, a nosotros no nos va a tocar el conocerlos.

Tal vez cuando sea viejito las colonias en Marte y la Luna sean un éxito y los pasaportes ya incluyan planeta de nacimiento, pero yo estaré aquí en la Tierra preocupándome por el agua, hablando de las playas que visité y ya no están, de los países costeros que existían cuando era joven. Y tal vez tú también.

No encuentro broma o referencia pop que aligere este post, ni creo que sea correcto buscarla. Pero sí hay esperanza, los seres humanos somos creadores y poco a poco todas las naciones empiezan a considerar los efectos reales del cambio climático en su agenda, tal vez en unos años comiencen proyectos más efectivos.

Tal vez no podamos sobrevivir esto, pero la vida sí lo hará, siempre lo ha hecho. Otras especies se adaptarán y aprovecharán las nuevas condiciones, ya está sucediendo. Los vientos intensos reducen la cantidad de energía que los albatros necesitan para encontrar comida, por lo que pueden volar por más tiempo y distancias, consiguen más comida y sobreviven en mayor número.

El agua cálida que rodea Australia está acercando a dos comunidades de tiburón tigre de arena, permitiendo que se apareen y aumenten su diversidad genética.

Las orcas encuentran nuevas zonas para alimentarse a medida que los polos se derriten. Poblaciones de medusas costeras están creciendo en número. El cisne trompetero disfruta de veranos más largo en Alaska. Los mosquitos ya no están restringidos a climas tropicales, con el cambio climático ahora se encuentran en ambientes templados donde nunca habían sido un problema.

Muchos de estos cambios son un gran peligro para el humano, pero este es un planeta vivo. Y no somos el centro de él.

sea

storm

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One response to “No importa que no lo creas, el cambio climático ya llegó

  1. uno se siente diminuto frente a esto, pero asi de pequeño como es uno, en algo hemos contribuido al cambio climatico todos, Ojalá tengamos la sabiduria y la humildad en grupo (masa de humanos) para contribuir con nuestra pequeña parte y alivianar un poco lo que se viene

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