Destellos en el abismo

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Hace poco más de un año me mudé a este departamento. Vivir solo en la gran ciudad, con mi primer trabajo después de la carrera, era un sueño que Liz Lemon y yo compartimos desde niños. 

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La zona me encanta, está llena de cafés y mercados, queda cerca de todo, puedo ir en bicicleta a la oficina, el edificio está lleno de plantas, los vecinos son amables, el clóset es gigantesco, firmé el contrato en seguida. Después, vino la mudanza y, finalmente, mi primera noche aquí.
Acostado sobre el colchón, que yacía sólo sobre el piso debido a un bajo presupuesto, traté de conciliar el sueño cuando, subitamente, el cuarto se iluminó. Resulta que uno de los atractivos del edificio es su buena seguridad, y para garantizarla hay focos automáticos en todas las áreas comunes, incluyendo debajo de mi ventana. Focos muy potentes.
Después de tratar de aguantar el cansancio por una semana de dormir mal, sucumbí y me compré una cortina que asegura la oscuridad. Comprobé lo que todos los seres vivos saben en este planeta, que tratar de dormir con un foco prendido está de la #@%& y que la luz es de las señales más importantes para nuestro organismo.
Desde antes de que la Tierra existiera, fotones ya se desprendían del sol e iluminaban el espacio. Así que, cuando la primera forma de vida surgió en los océanos primitivos, ya había noche y día.
La luz es de las señales más constantes que existen en el planeta y rige muchas de las cosas que suceden dentro de nosotros: uno de los sentidos más desarrollados en el reino animal es el de la vista y esto es por que la luz permite que veamos, una de las formas más abundantes e importantes de generar alimento es la fotosíntesis, la señal más importante para que nuestro cerebro duerma es la falta de luz.
Sin embargo, la luz no viaja igual a través del vacío o el aire que del agua, así que la luz del sol es un recurso escaso en el océano. Sumergíendonos más allá de los 200 metros de profundidad entramos a la zona de penumbra y comenzamos a encontrar animales bioluminiscentes, que producen su propia luz a partir de una reacción química dentro de células especializadas llamadas fotóforos. 

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La bioluminiscencia cumple muchas funciones en la oscuridad del abismo. Algunos organismos usan su luz para indicar su sexo, atrayendo a posibles parejas, mientras que algunos la utilizan para atraer a sus presas o intimidar a predadores.

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Aparte de que se ven increíbles en la oscuridad.

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La poquísima luz que llega a esta distancia es azul, por lo que muchos animales son de colores rojos, evitando que su piel refleje el tono azul y siendo prácticamente invisibles. 

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Como el resto de los seres vivos, los animales marítimos han evolucionado a lo largo de millones de años adaptándose de la mejor manera a su medio, no solo ambiental, si no también a las interacciones con su misma y otras especies. La bioluminiscencia le permite a estos organismos aprovechar su ambiente lo mejor que pueden. 

Apenas el 5% de las profundidades oceánicas se ha explorado, así que los biólogos marinos van a seguir descubriendo rarezas como estás (de hecho, año con año lo hacen) y yo me seguiré sorprendiendo de las maravillas que habitan el planeta, mientras leo de ellas por la madrugada y le hecho la culpa a los focos de mi edificio por mi cara de desvelado. 

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