Las aventuras del desamor


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De verdad traté de aguantarme, me dije que iba a hacer ejercicio, a salir con muchos amigos y distraerme, que cortar con mi novio no me iba a pegar tan fuerte. Pero crecí con Melissa Joan Hart y Clueless, mi cerebro sabe que parte inevitable de un break up es meterse a la cama, comer todo el helado (y nutella) posible y ver películas.

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Después de ver Beetlejuice por quinta vez, conseguir una leve indigestión y decirle a mi gato que iba a terminar casándome con él, admití lo que estaba queriendo negar: me dolía.
Traté de convencerme de que todo estaba en mi cabeza pero no sabía lo que unos investigadores habían comprobado hace algunos años, un corazón roto duele de verdad.
El experimento completo consistió en registrar la actividad cerebral de un grupo de veinteañeros al enseñarles una foto de su ex, luego hacerlos contar hacia atrás desde 8,211 en divisores de 7, enseñarles una foto de un amigo, hacerlos contar hacia atrás otra vez y tocar su brazo con una sonda caliente. La peor parte se me hace el ver la foto del ex.
Observando las resonancias magnéticas de los participantes se dieron cuenta que al ver fotos de sus recientes exparejas, se activaban las mismas zonas de su corteza cerebral que se activan al sentir dolor físico.
Se cree que hay una razón evolutiva para este dolor, hace miles de años cuando los humanos todavía eran completamente nómadas la mejor forma para protegerse y sobrevivir era formar parte de una tribu. Así que los más beneficiados eran aquellos que podían ser parte de una comunidad, donde formaban una pareja y cuidaban a su familia. El rechazo social era una sentencia de muerte.
El problema es que nuestros cerebros evolucionan mucho más lento que lo que nos ha llevado desarrollar seguridad social, casas, sistemas de alarma y grandes ciudades. Estar solos ya no pone en peligro nuestro bienestar físico, pero nuestro sistema nervioso todavía no lo entiende.
Como si esto no fuera suficiente, también se ha descubierto que estar enamorado activa zonas cerebrales asociadas con la recompensa y la motivación liberando dopamina, un neurotransmisor que nos hace sentir placer y felicidad. Lo mismo pasa en el cerebro de drogadictos.
Cuando acabamos una relación no destructiva, nuestro cerebro sigue esperando la siguiente dosis de dopamina, pero esta nunca llega. Estamos en síndrome de abstinencia. Y cantar “All by myself” de Celine Dion no ayuda.

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Es posible que esto es lo que causa el dolor físico de un corazón roto, no solo nuestro cerebro lo interpreta así sino que se activan simultáneamente el sistema nervioso simpático (que acelera nuestro ritmo cardíaco y respiración preparándonos para luchar o huir) y el sistema parasimpático (responsable de relajarnos y disminuir la velocidad cardíaca, asociado con socializar y comprometernos).
Apretamos el pedal de gas y freno al mismo tiempo
, nuestro cuerpo entra en conflicto y llega el dolor.
Sin embargo, se ha comprobado que el dolor físico y el emocional viajan por las mismas vías en el cerebro, así que se pueden aliviar de la misma manera: con paracetamol.
Pero con esto entramos a un terreno escabroso. El dolor de una pérdida sentimental no se presenta solo para molestar, también es una oportunidad para reflexionar sobre lo que pasó, aprender de nuestros errores y crecer. Evitar estas sensaciones usando fármacos puede afectar nuestro proceso psicológico de duelo, impidiendo que aprendamos a buscar mejores relaciones. Como las personas que sufren de gastritis y comen carnitas seguidas de un antiácido.
La buena noticia es que también se comprobó que el tiempo cura todas las heridas. Cuando las personas del primer experimento regresaron al laboratorio meses después y repitieron la rutina de ver fotos de sus ex, las zonas de su cerebro relacionadas con el dolor y el apego mostraron mucha menos actividad.
Aunque tomar una pastilla suena tentador, no he ido a la farmacia, estoy tratando de cambiar el helado por ensaladas y sigo llamándole a mis amigos. Confiaré en la ciencia, con el tiempo voy a estar bien.Y si todo falla, tengo unos brownies en la alacena y el ronroneo de mi gato.

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Les presento a Cat Sagan.  

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2 respuestas a “Las aventuras del desamor

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