¿Y los demás?

El pasado domingo, mientras comía una deliciosa milanesa y me disponía a escribir la nueva entrada para el blog, escuché en la tv del restaurante un reportaje sobre avistamientos ovnis en el cielo de Turquía. El programa siguió hablando de naves voladoras, mensajes interestelares, curación chamánica y, curiosamente, el mal manejo que se le ha dado a las aguas pluviales por parte de la ciudad. 

Yo me quedé con los ovnis. Más allá de pensar en abducciones, experimentos perturbadores y genesis de civilizaciones antiguas, creo que la vida extraterrestre es una posibilidad muy real. 

En nuestro universo hay unos 400 billones de galaxias, cada una contiene hasta 350 billones de estrellas, y alrededor de un 5% de estas estrellas son iguales a nuestro sol, lo que da 500 billones de billones de soles.*

De estos, el telescopio espacial Kepler estudia 150,000 y ha descubierto 1,004 planetas habitables en estos lejanos sistemas solares, que presentan condiciones muy parecidas al nuestro. 

Están a una distancia justa de su sol como para no congelarse ni ser un infierno, algunos poseen atmósfera y otros, hasta agua. En ellos se presentan las mismas condiciones que se cree había en la Tierra cuando surgió la vida, en otros pocos hay condiciones aún más benévolas. Sin embargo, no hay evidencia suficiente que asegure existe la vida fuera de nuestro planeta. 

Más allá de ser una simple curiosidad, la falta de contacto con vida extraterrestre es un tema de estudio y análisis por grupos de científicos altamente preparados y, gran parte de este esfuerzo, se engloba en la Paradoja de Fermi que pregunta “¿Dónde están todos los demás?”.

En el registro histórico, dejando a un lado teorías conspiracionistas, no hay record de contacto real con civilizaciones alienígenas. Desde principios del siglo pasado, cuando la carrera al espacio dejó de ser tema para novelas de ciencia ficción y se convirtió en una prioridad política, se crearon proyectos de vigilancia sistemática de los cielos y, hasta ahora, solo se han registrado sonidos de procedencia misteriosa, que pueden o no ser evidencia de vida. 

El ser humano quiere hacer contacto, aparte de vigilar los cielos hemos lanzado sondas espaciales con información sobre nosotros y nuestro planeta, como botellas de náufrago en alta mar. Pero nada ha arrojado resultados, no hay mensajes codificados, visitas diplomáticas, intercambio de tecnología ni batallas galácticas. Nada. 

El gran flitro

Una de las teorías que trata de explicar la falta de contacto con vida fuera de la Tierra es la del Gran Filtro**. Esta plantea que la vida es un fenómeno abundante en el universo, sin embargo no todos los ejemplos de vida llegan a civilizaciones desarrolladas o, tal vez, ni siquiera llegan a desarrollar civilizaciones. Hay muchas otras teorías que tratan de explicar la paradoja de Fermi. 

Puede ser que nuestro Gran Filtro esté en el futuro próximo y se relacione con la escasez de recursos y la falta de fuentes de energía renovable. O puede ser, y está version es mi favorita, que seamos un ejemplo raro de vida que ya pasó este filtro

En este caso, una de las propuestas es el brinco de la vida en la Tierra a la células complejas, con un núcleo definido y compartimientos, u organelos, con funciones específicas. Esto es antes de la multicelularidad. 

La vida, como la conocemos, surgió hace unos 3,600 millones de años (el universo surgió 10,200 millones de años antes de eso), en las profundidades de un mar antiguo. Los primeros organismos eran células sencillas, con una membrana que protegía su interior del exterior y la capacidad de replicarse a si mismos. Se llaman procariontes y  con ellos surgieron los mismos mecanismos que actualmente usamos para copiar nuestras células: un código genético y proteínas que hacen la chamba. Su nombre viene de que sus genes no están empaquetados dentro de un núcleo, si no que flotan (casi) libremente por su interior.

Por dos mil millones de años ese fue el único tipo de vida en el planeta. Los primeros animales surgieron hace 600 Ma (millón de años), los dinosaurios hace 231 Ma, nosotros no llevamos ni 0.1 Ma en este planeta. ¡Dos mil millones de años! Cabe destacar que eso es muchísimo tiempo. 

Se piensa que este brinco, que permitió el desarrollo de la vida compleja, el surgimiento de todos los grupos de organismos que existen y han existido, la colonización de la tierra firme, el control del fuego, la invención de la rueda, la caída de Roma y la inauguración del primer Starbucks, sucedió cuando una célula se comió a otra. 

Durante los dos mil millones de años que dominaron la tierra, los procariontes evolucionaron, adaptándose a su medio ambiente. Surgieron los que hacían fotosíntesis, otros se alimentaban de químicos, unos podían respirar oxígeno y otros no, todos podían soportar los 70º C del océano de entonces y unos podían hacer varias de las opciones anteriores, dependiendo de lo que hubiera disponible. 

Con esta variedad vino una diversidad de tamaños, formas, colores, tipos de movimiento y, lo más importante para esta historia, de alimentación. Los organismos que no podían producir su propio alimento necesitan alimentarse de cosas del exterior, como nosotros. Los procariontes lo hacen envolviendo a su “presa” con su membrana para poder digerirla en su interior, pero al hacer esto una parte de la membrana se queda rodeando al alimento y sirve como una vesícula. 

Se cree que un día un procarionte engulló a otro, pero el pequeño no fue digerido, si no que siguió vivo dentro de su vesícula. La teoría dice que el precursor de las algas y plantas ingirió a una célula fotosintética, y el precursor de hongos y animales a una que digería sustancias externas. 

Una de las bases que respalda esto es que algunos organelos, dentro de las células de seres vivos actuales, tienen un genoma propio y se pueden reproducir por su cuenta, pero si los remueven la célula no los puede volver a generar. 

Este puede ser el paso evolutivo que nunca ha sucedido en otros planetas. Después de que sucedió en el nuestro vino una explosión de vida, solo mil millones de años después surgieron los primeros organismos multicelulares: las esponjas. 400 Ma después los primeros animales, 100 Ma más trajeron los peces, luego las plantas terrestres y los primeros insectos. Desde que una “sencilla” célula engulló a otra e hicieron una célula compleja, o eucariote, la vida ha avanzado a pasos agigantados. 

Claro, para nosotros ese tiempo son varias eternidades, pero tres cuartos de la vida de la Tierra ha habido vida en ella, organismos que afectan activamente el planeta. Gracias a los procariontes tenemos atmósfera, los corales y manglares reducen el efecto de erosión del mar en la costa, las plantas llenan el suelo de materia orgánica y rompen rocas, algunas algas pueden liberar gases que hacen que llueva. Este es un planeta vivo y, tal vez, el único. 

Me encantaría que algún día hiciéramos contacto, que sea algo pacífico y que científicos alienígenas nos cuenten la historia de la vida en su planeta. Mientras eso pasa estamos solos, pero es un planeta muy interesante en el cual estar. 

Foto por el telescopio espacial Hubble

*Este post esta basado en publicaciones de Wait but why de Tim Urban, que explica todo mejor que yo (¡y con dibujos!):

The Fermi Paradox 

Putting Time In Perspective

**El artículo de 1998 donde Robin Hanson expone la teoría del Gran Filtro. 

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