¡Damas y caballeros!

Esta historia empieza en mis últimos semestres de la carrera, un sábado en el laboratorio cuando uno de mis ratones se volvió a escapar de su jaula. Llevaba dos años trabajando en una tesis de biología y en ese momento caí en cuenta que la investigación no me apasionaba. 

Mis amigos de la carrera, dedicados a la investigación de laboratorio o de campo, eran estudiantes dedicados, detallistas y comprometidos con la creación de ciencia, hablaban con emoción de sus proyectos, debatían con entrega sobre el mejor método para analizar sus datos, fantaseaban con publicar sus resultados y exponerlos en congresos. Yo no. 

Hincado en el piso del laboratorio, viendo al ratón #184 correr de un lado a otro sin poderlo atrapar, fui honesto conmigo: esto no era para mi. 

Así que hice lo que siempre he hecho, entré en crisis. 

Había dedicado dos años a estudiar el ritmo circadiano de ratonas obesas, antes de eso habían pasado otros tres de clases y prácticas de campo. Desde niño había decidido ser científico. Cuando tenía 13 años y me preguntaron cómo me veía a los 30 dije que con bata en un laboratorio en París (por que soy un cliché y París es la ciudad del amor, pero juro que tenia una bata blanca en mi visión).

¿Qué iba a hacer? 

Después de un incómodo periodo donde consideré dejar la carrera y perseguir la vida artística, recordé por que me había gustado la ciencia en primer lugar: la tele. 

Me la pasaba viendo documentales sobre clonación, el espacio, los cráteres, cómo se hacían los resortes, las vacunas, las plantas del desierto, los koalas. Los científicos eran los seres más cool del mundo, después de Melissa Joan Hart. 

Amo la ciencia. Me gusta saber un poco de muchas cosas, jurar por Carl Sagan, tratar de clasificar las especies que componen mi ensalada y mi vuelve a la vida. Me emociona ver las fotos de Opportunity en Marte y de hormigas en el Amazonas haciendo una balsa. Creo que la vida es algo maravilloso que la ciencia trata de explicar pedacito a pedacito. 

Así que me decidí a tratar de comunicar esos pedacitos de información. 

No sé como lo voy a hacer, ni sé si triunfaré, pero cambio la bata y las botas por un teclado y té. No soy experto en nada de lo que escribiré aquí, pero estoy leyendo más papers de los que leí en la carrera y estoy, casi, seguro que no digo tantas babosadas.

Deséenme suerte. 

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